5 octubre 2022

Un año después de la COVID-19: ¿Cómo hemos cambiado?

Tras convivir un año con la enfermedad provocada por el SARS-CoV-2 somos capaces de identificar las secuelas de una enfermedad por la que han muerto en España más de 75.000 personas. La vacunación de la población sigue siendo la esperanza para acabar con la pandemia.

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Un año después de la llegada de la COVID-19 sabemos que se ha llevado por delante la escalofriante cifra de más de 75.000 vidas en nuestro país. Las secuelas del virus en aquellos que lo han superado son tan variables que es difícil establecer un tiempo medio de recuperación. Esta enfermedad reciente afecta de manera diferente a cada individuo. Pero si hay una certeza es que los fisioterapeutas se han convertido en profesionales imprescindibles en los hospitales y fuera de ellos. 

Eloy Moreno es uno de esos pacientes que se contagió de coronavirus al principio de todo y pasó cuatro meses en la UCI. “Recuerdo que fueron momentos muy malos, pero solo pensaba en mi familia para salir adelante”. 

A día de hoy sabemos que una de las principales secuelas de la COVID-19 son las afecciones respiratorias. La aparición de complicaciones y secuelas en el pulmón a medio y largo plazo suele ser proporcional a la gravedad del proceso agudo que experimentaron los pacientes. “Las secuelas fueron más importantes en aquellos que la padecieron de una forma más grave, requiriendo un ingreso tanto en las UCRI (Unidades de Cuidados Respiratorios Intermedios) como en las UCI (Unidades de Cuidados Intensivos) para superar la enfermedad”, afirma Susana Priego, fisioterapeuta del Hospital Virgen de la Luz (Cuenca).

Principales causas de la COVID-19

Según los expertos, las principales secuelas de la COVID-19 observadas hasta ahora en el pulmón son las alteraciones de la función pulmonar y alteraciones intersticiales pulmonares. Estas persisten más allá del episodio agudo de la enfermedad. “En cuanto a las pruebas por imagen, encontramos imágenes que se caracterizan por patrones de atelectasias y vidrio deslustrado, sugestivas de afectación intersticial”, señala Priego.

Por otra parte, se observa que los pacientes suelen presentar una pérdida de movilidad importante y una gran atrofia muscular. “Algunos no son capaces de permanecer sentados sin apoyo, y mucho menos pueden realizar la bipedestación. Además, cabe destacar que la COVID-19 puede afectar al sistema nervioso. Varios pacientes presentan una afectación nerviosa a nivel motor que tardarán tiempo en recuperar”, cuenta Javier Campayo, fisioterapeuta de ASEPEYO.

También los trastornos psicológicos y emocionales son muy frecuentes. Aparece el miedo o la ansiedad al realizar tareas tan simples como ponerse en pie o subir las escaleras”, confirma Miguel Ángel Salvador, fisioterapeuta en el ámbito domiciliario. Por ello, el abordaje debe ser multidisciplinar y desde el momento en que el paciente se encuentra aún hospitalizado. 

La rehabilitación una vez superada la enfermedad

Una vez que el paciente es dado de alta, las sesiones de Fisioterapia pasan a ser ambulatorias. Los ejercicios están encaminados a devolver la autonomía que tenían antes de la enfermedad. 

Se realizan sesiones de tratamiento global. Trabajamos la reducación de la función ventilatoria con Fisioterapia respiratoria para aumentar la capacidad pulmonar. También buscamos disminuir la disnea y en el caso de que el paciente utilice oxigenoterapia, conseguir progresivamente disminuir la dosis de oxígeno necesaria. Hasta programas de ejercicio terapéutico, encaminados a reducir las rigideces articulares que se producen por el encamamiento prologado y el aumento progresivo de la fuerza. Sin olvidarnos del entrenamiento del aparato cardiovascular que también se ve afectado”, manifiesta Lourdes Barriga, fisioterapeuta del HGU de Guadalajara. 

Es el caso de Eloy que ahora, ya fuera del hospital, mantiene la medicación y el oxígeno dos veces al día. También recibe tratamiento de Fisioterapia y sesiones de electroestimulación en ambas piernas.

Cómo hemos cambiado un año después del covid-19
Cómo hemos cambiado un año después del covid-19

No existe un tiempo medio de recuperación

No cabe duda que el tiempo de recuperación es muy variable. “Hay muchos factores que influyen en ello: desde la edad, las patologías previas, si realizaban algún tipo de actividad física antes de la COVID-19 e, incluso, el tiempo en la UCI”, comenta Barriga. 

Numerosos estudios apuntan a que tras los 3-6 meses de padecer la enfermedad, la mayoría de los pulmones se recuperan bien. Pero, “la realidad en cuanto a la desaparición de las secuelas y la reinserción en su vida laboral y diaria, es bien distinta”, apunta Priego. “A día de hoy, hay gente que pasó la enfermedad en marzo de 2020 y aún tienen afectada su capacidad ventilatoria. Incluso alguno aún necesita aporte de oxígeno externo para poder realizar sus actividades diarias o para salir a caminar”, respalda el fisioterapeuta de ASEPEYO.

Está claro que cuando el paciente aprecia una progresión a nivel respiratorio y físico, acompañado de un estado de ánimo positivo, la recuperación se hace mucho más fácil y rápida”, concluye Salvador.

La figura del fisioterapeuta durante la pandemia

La actividad fisioterápica presencial fuera de los hospitales se suspendió durante el confinamiento “pudiendo realizar parte de nuestra labor a través de videoconferencias”, cuenta Campayo. “Una vez que se reanudó la actividad, encontramos mucha gente que demandaba nuestros servicios. Se debe a que han notado ciertas limitaciones y secuelas al pasar la enfermedad”. Además, la vida sedentaria durante el confinamiento ha pasado factura a gran parte de la población. “Han aumentando los casos de alteraciones del aparato locomotor, sobrecarga musculares o estrés”. 

La pandemia también ha demostrado lo importante que es mantener un estilo de vida saludable y activo. Evitando las consecuencias en forma de lesiones que ello tiene. “Después de todo, la gente es más consciente de que lo más importante es su salud. Y ahí es donde nosotros tenemos que plasmar nuestra importancia en la sociedad”, declara el fisioterapeuta Miguel Ángel Salvador.

En el caso de los hospitales, la figura del fisioterapeuta en unidades UCI y UCRI es fundamental. “Durante este último año se han incrementado las plantillas de fisioterapeutas. Pero es fundamental que este incremento de plantillas se haga de manera estructural en nuestros hospitales”, afirma Priego.

Las claves para salir adelante después de la COVID-19

  • Eloy Moreno: la Fisioterapia. “No tenía ninguna clase de fuerza, pero los ejercicios con los brazos, manos y piernas me han ayudado mucho”.
  • Susana Priego: Trabajo en equipo.En este último año, se ha trabajado en equipo más que nunca. Existe un perfecto engranaje entre los servicios de medicina intensiva, neumología, medicina interna, rehabilitación y Fisioterapia, con todos los compañeros que trabajan en estos servicios (servicio de limpieza, celadores, auxiliares, enfermería, médicos, fisioterapeutas…)”. 
  • Javier Campayo: Resiliencia. Somos un colectivo con una capacidad de resiliencia importante, bastante cooperativo y con un alto grado de compañerismo. Pienso que de la noche a la mañana nos tuvimos que reinventar, utilizando la imaginación como estandarte para desde casa ayudar a nuestros pacientes”.
  • Lourdes Barriga: Compañerismo.A nivel personal, el apoyo de mi familia y amigos a pesar de tenerlos lejos de mí. Y a nivel profesional, el vínculo que se crea con todos los compañeros para ayudar al máximo a los pacientes y a la vez hacer un poco terapia de grupo para los momentos duros”.
  • Miguel Ángel Salvador: Profesionales capacitados.En esta nueva realidad tenemos que mostrar que en España hay una gran generación de fisioterapeutas jóvenes y capacitados para seguir mejorando esta profesión”.
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